lunes, 28 de septiembre de 2015

Los quince: ¿tradición o moda?



En esta ocasión quisiera tratar un tema que en los últimos tiempos no sé si se trata de una tradición o de una moda, a mi entender casi enfermiza para los cubanos, se trata de la celebración de los quince.

Si tenemos en cuenta que tradición es el conjunto de patrones culturales que una o varias generaciones  hereda de las anteriores y, precisamente por estimarlos valiosos, es que se trasmite a las siguientes. Entonces los 15 de estos tiempos no tienen que ver nada con los de generaciones anteriores.
  
Algo si queda en común, es la celebración más importante de quienes llegan a tan bella edad, sin embargo el sacrificio de los padres va en incremento pues la varilla para saltar rompe el 2 punto 45 del "Rey de las alturas" Javier Sotomayor. 


Ya no solo se trata de todo lo que rodea esta inolvidable celebración, como los vals con las quince parejas y el pago al coreógrafo, a la maquillista, al fotógrafo que no solo hace fotos sino videos y hasta revistas lo que ronda precios de 80, 120, 150, 200 y hasta 400 pesos convertibles (cuc equivalente a usd) que incluye hasta el hospedaje de la familia con la quinceañera cerca de los lugares donde será fotografiada, souvenir como llaveros y afiches a tamaño natural. 

Todo esto parecería normal si no tuviéramos en cuenta que el promedio del salario del cubano anda entre los 15 y 20 cuc.

En estos momentos se está dando otro fenómeno que como decimos en buen cubano me ha dejado “boquiabierta” y se trata de otras  celebraciones como los mini-quince y los pre-quinces, ahora resulta que se ha puesto de moda realizarles a las niñas de cinco añitos una gran fiesta con fotos y modelitos de princesas, moños altos y maquillaje, esa celebración se llama mini-quince.

Pero el asunto no termina ahí, también están los pre-quince que se realizan a los 10 años, con el montaje de un espectáculo parecido, pero donde la inocencia de las niñas se pierde en los exuberantes vestidos, maquillaje, zapatos de tacón alto y fotos con miradas picaras, incitando lo desconocido.
El argumento  que esgrimen muchos padres es: “quiero lo mejor para mi hija pues ella se merece lo mejor, lo que yo no tuve”. Pero cabe preguntarse ¿Será esa opulencia lo mejor para nuestros hijos?

Los quince siempre fueron festejos tradicionales, donde primaba la naturalidad de las jóvenes y su presentación ante la sociedad, es una edad donde existen muchos cambios físicos y psíquicos. Lo que más se necesita es cariño y confianza por parte de nuestros padres, hay quien ve a su hija una vez al año, pero quiere unos 15 para “tirar la puerta por la ventana” como decimos los cubanos.

Lo más triste es que las escuelas se convierten en convenciones donde se exhiben fotos y la comparación es inevitable por lo tanto nuestras hijas exigen tener algo igual. 

Entonces es cuando el sentido común nos llama a reflexionar, y buscamos alguna manera para demostrarle a nuestra hija que la adoramos a pesar de no poder celebrarle ni los mini-quince, ni los pre-quinces, solo los verdaderos quince, los únicos, los auténticos y que tanto sacrificio cuestan a muchos padres cubanos, a pesar de no estar a la altura de estos tiempos.

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