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“Timbrar o dar un timbrazo”

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Junto a mi, dos adolescentes conversan acerca de un tercer amigo, uno de ellos le dice al otro: -si no viene en cinco minutos “ tímbrale” a ver si quiere venir. Este término para mí y para la inmensa mayoría de los cubanos tiene muy claro su significado, pero para el resto del mundo es algo muy extraño. Entre cubanos llamar a un celular y dejar que suene par de veces para avisar a la otra persona que devuelva la llamada, generalmente desde otro teléfono que no sea un celular es algo muy común y a esta acción la hemos denominado “ timbrar ” o  “dar un timbrazo” y las conjugamos en disímiles formas (te timbro, me timbras, ¿le timbraste?) son algunos ejemplos.

“La punzada de guajiro”

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Ya estoy junto a ustedes nuevamente para compartir alguna que otra frase que se desprende del lenguaje popular cubano, sobre todo esas frases que por su popularidad trascienden a través de los años. Esta vez les propongo conocer algo más sobre la famosa “punzada del guajiro”. Haciendo un poquito de historia, como Cuba siempre ha sido un eterno verano, tal vez la necesidad de contar con líquidos refrescantes dio origen a que nos especializáramos en preparar muy buenos helados, sobre todo en las propias casas.
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“El humor en el lenguaje popular del cubano”   Numerosos son los ejemplos de las "creaciones" que han nutrido la forma de hablar entre nosotros los cubanos, con ese toque de humor que nos caracteriza. De ahí que “necesidad de ver a una persona "tinta en sangre" no significa que existan sentimientos homicidas hacia ella, sino que urge contactarla contra viento y marea. "Estar trabajando para el inglés" no es haber sido contratado por un británico, sino esforzarse por un beneficio ajeno. Una "flauta" puede no emitir sonido musical alguno, teniendo en cuenta que este término se utiliza en muchas ocasiones para referirse a una barra de pan.

¿Por qué le decimos Ace al detergente o Pitusa a los jeans?

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El querer nombrar las cosas es algo inherente al hombre de todos los tiempos   es un modo de que lo desconocido pase a ser algo cotidiano cuando lo nombramos. En el lenguaje popular de los cubanos existen varios casos que han perdurado con el pasar de los años.Personas entraditas en años conocen al "detergente en polvo" como "Ace" simplemente porque esta era la marca del detergente que más se vendía en Cuba antes del triunfo de la Revolución, y así lo nombraron desde ese entonces. Pero como este ejemplo hay muchos más...

¿De dónde vienen los villanos?

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Un villano es una persona malvada, especialmente en la ficción, son personajes novelados, que ejercen la maldad deliberadamente y se enfrentan al héroe de las historias. Como tales, los villanos son un recurso argumental casi inevitable, e incluso llegan a ser tan trascendentales como los héroes, hablando dramaturgicamente existen el  protagónico y el antagónico o villano de la película.  ¿Pero sabe usted de donde vienen los villanos? Pues de las villas. Adentrándonos un poquito en la etimología de esta palabra encontramos que proviene del latín villanus, que significa siervo o campesino, alguien que estaba atado a la tierra de una villa, es decir que trabajaba en el equivalente a una plantación en la antigüedad. 

No lo salva ni el médico chino

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Esta vez les propongo conocer algo más   sobre uno de los médicos más populares que ha existido en nuestro país, y de quien se originara la frase: -¡No lo salva ni el médico chino! Pues les cuento que este personaje existió en la vida real y llegó a Cuba en 1854, con la oleada de migraciones chinas tan frecuentes por esa época, este médico se llamaba Chang Pon Piang, pero luego en nuestro país adoptó el nombre de Juan Chambombián.

Para los cubanos una ñinga es un poquito y una tonga es mucho.

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Desde pequeña cuando comencé mis estudios primarios aprendí las unidades de medida más comunes y conocidas universalmente para medir: la estatura, el volumen, la distancia y el peso. Sin embargo cuando crecí me di cuenta que los cubanos tenemos nuestras propias medidas para referirnos a determinada cantidad. Por ejemplo cuando alguien le preguntaba a mi abuela si necesitaba algo de azúcar ella respondía: “- una ñinga nada más ”, de ahí aprendí que ñinga era poca cantidad. De igual forma me sucedió con la palabra tonga , la que usamos para referirnos a mucha cantidad: “-Tengo una tonga de ropa para lavar dice mi madre de vez en cuando”.